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Hábitos de vida y prevención cardiovascular
Estas orientaciones generales complementan la consulta y los tratamientos prescritos, sin sustituirlos. Deben adaptarse a la edad, los síntomas, las enfermedades asociadas y las capacidades de cada paciente. Es preferible una mejora progresiva y duradera a cambios muy restrictivos o bruscos.
Alimentación cardioprotectora
Priorice una dieta mediterránea: verduras variadas en cada comida, fruta entera, legumbres, cereales integrales, pescado, frutos secos sin sal y aceites vegetales, especialmente de oliva. Un plato sencillo puede combinar una buena proporción de verduras, una fuente de proteínas y una porción adaptada de alimentos integrales ricos en almidón. Limite ultraprocesados, bebidas azucaradas, embutidos, carnes procesadas y alimentos ricos en grasas saturadas.
Sal: procure consumir menos de 5 g al día salvo indicación médica específica. Pruebe antes de añadir sal y no la añada de forma automática. Limite platos preparados, caldos, salsas, quesos muy salados, embutidos y aperitivos salados. Lea las etiquetas para detectar sal oculta. Ante insuficiencia cardíaca, enfermedad renal o tratamiento diurético, la ingesta de sal y líquidos debe individualizarse con el equipo médico.
Actividad física regular
Cuando el estado cardiovascular lo permita, avance gradualmente hacia 150–300 minutos de actividad moderada por semana, por ejemplo 30 minutos de marcha rápida cinco días, y dos sesiones semanales de fortalecimiento adaptado. Reduzca el tiempo sentado levantándose y caminando regularmente. La vuelta a la actividad debe ser progresiva. Interrumpa el esfuerzo y solicite consejo médico ante dolor torácico, malestar, palpitaciones inusuales o falta de aire anormal.
Tabaco, alcohol y sueño
Dejar completamente el tabaco, incluida la exposición pasiva, es una de las medidas más eficaces para reducir el riesgo. Fumar menos no elimina el riesgo; el apoyo médico puede ayudar a dejarlo. No se recomienda beber alcohol para proteger el corazón: cuanto menos, mejor. Mantenga horarios de sueño regulares y valore una posible apnea ante ronquidos, pausas respiratorias observadas, somnolencia, fibrilación auricular o hipertensión difícil de controlar.
Peso, presión arterial y seguimiento
Si existe exceso de peso, una reducción progresiva puede mejorar la presión, la diabetes, los síntomas de apnea y el riesgo cardiovascular. Cuando se solicite automedición de la presión, use un manguito de brazo adecuado, permanezca sentado y tranquilo unos minutos y siga el protocolo indicado. Tome los tratamientos regularmente y nunca los suspenda o cambie sin consejo médico.
Más información — Federación Francesa de Cardiología
Los siguientes recursos están en francés.
- Reducir el riesgo cardiovascular
- Comer mejor y limitar la sal
- 30 minutos de actividad física al día
- Tabaco, corazón y vasos sanguíneos
- Comprender la hipertensión
- Dormir bien
Esta información es general y no sustituye una recomendación personalizada.
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